jueves, 18 de junio de 2009

EL ENCARCELADO TAMBIEN ES HERMANO NUESTRO E HIJO DE DIOS


LA PASTORAL PENITENCIARIA EN TEHUANTEPEC

La ayuda a los hermanos en la cárcel consiste en verlos como hermanos nuestros e hijos de Dios (SEGUNDA PARTE)

Por Pablo R.
El trabajo que como católicos realizamos en la cárcel consiste en Promover un espacio que permita al interno el reencuentro con sigo mismo y con el otro en su dignidad, redimensionando su vida a partir de su propia experiencia de reclusión, así como fomentar el trabajo comunitario y el servicio al otro que estimulen una conciencia solidaria, como medio de rehabilitación y fuente de liderazgo, en el camino hacia una nueva sociedad.
El reclusorio se encuentra dentro del territorio de la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe. Desde 1999 la Parroquia asumió la responsabilidad de atender a la comunidad del reclusorio, iniciando la Pastoral Penitenciaria como área pastoral dentro de la Parroquia, junto a las áreas ya existentes (catequesis, salud, etc.).
El equipo de Pastoral Penitenciaria nació de la línea pastoral de Don Arturo Lona Reyes, que priorizaba el liderazgo del laico y la formación de grupos concientes (p. ej. CEBs) para transformar la realidad a partir de su fe. Por eso, desde el principio el equipo vio a los encarcelados no sólo como destinatarios de la evangelización sino como sujetos. No por estar separados por rejas dejan de ser hijos de Dios y miembros de la Iglesia. Es más, si decimos que Dios actúa con especial fuerza entre los pobres, y los encarcelados están entre los más pobres, ¡la cárcel se vuelve un lugar privilegiado desde donde trabajar por el Reino!
Así que, al ver que los internos estaban luchando en una forma organizada por cambiar su realidad, el equipo decidió acompañarlos en su lucha, organizando una comunidad católica en el penal. Después de seis meses de acompañamiento, y partiendo de un estudio de los Hechos de los Apóstoles y 1 Corintios capítulo 12, se eligió un “Consejo de Servidores”, renovándose cada año en Pentecostés, encargándose cada Servidor de un servicio específico. Para la mayoría ¡era la primera vez que se habían encargado de algo! Por lo que era un reto grande sostener un compromiso durante todo un año.
El otro gran reto era el trabajo en equipo. La mayoría nunca lo había hecho, y el ambiente autoritario de la cárcel no ayudaba. Durante un tiempo se elegía a un Coordinador del Consejo, pero esa persona se volvía un pararrayos para toda clase de presiones, tanto desde dentro del Consejo como desde los caciques del penal, quienes querían volver al Coordinador un cacique de la Iglesia. Por eso se quitó la figura del Coordinador, dejando a cada Servidor responsable de su respectiva área.
Poco a poco se fueron organizando las siguientes áreas:
Liturgia— la Misa dominical, la adoración al Santísimo, el Santo Rosario y el Vía crucis, para celebrar juntos la fe y la vida.
Espiritualidad— reflexión bíblica y ejercicios espirituales, para escuchar la Palabra de Dios dirigido a los cautivos y desarrollar una espiritualidad propia.
Promoción cultural-- un coro, un periódico mural y Noches Culturales como espacios para la expresión artística y la promoción de valores comunitarios.
Apoyo jurídico— asesoría y talleres, herramientas para que el interno pueda tomar en sus manos su propia defensa jurídica.
Promoción de salud— formación a los internos como promotores de salud, y elaboración dentro del penal de medicinas a base de plantas.
Promoción de valores entre los hijos de los internos— talleres infantiles donde se utilizan los juegos y las manualidades para enseñar valores y proporcionar herramientas que les ayuden a crecer sanamente en un ambiente nocivo. También realizamos la venta de artesanías.

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